AGUSTINOS: EL PRIOR GENERAL NOS CUENTA LA ENTREVISTA QUE TUVO EN ENERO CON EL PAPA.




El P. Alejandro Moral,OSA fue recibido por el papa Francisco el pasado 26 de Enero.

Ya han pasado dos meses desde mi encuentro con el Santo Padre y deseo aprovechar esta memoria aun reciente para comunicaros algunos de los puntos dialogados durante esos 40 minutos con el Papa Francisco.
En la Octava de Pascua,
Roma, 9 de abril de 2015.
P. Alejandro Moral
Prior General, OSA


« Me llamaron por teléfono desde la Prefectura de la Casa Pontificia para adelantar mi visita, dado que un Nuncio, cuya visita estaba programada antes de la mía, no había podido llegar a tiempo. Una vez aclarada la situación me dirigí al Portone di Bronzo para subir la escalera y pasar por el patio San Damaso y llegar a las salas que preceden la entrada en la biblioteca pontifica, lugar donde Su Santidad me recibió.
Desde el primer momento me sentí acogido cariñosamente y en diálogo fraterno con nuestro querido Papa Francisco. Mientras nos saludábamos los fotógrafos dispararon sus cámaras. A continuación nos sentamos frente a frente, tan cercanos que la distancia no era mayor de medio metro. Y le entregué un folio donde había escrito los temas y una breve reseña del contenido que deseaba tratar durante la visita.
Quise agradecerle, una vez más, su presencia en la apertura de nuestro Capítulo General de 2013, el día de la solemnidad de nuestro Padre san Agustín. Y las atenciones tenidas hacia nuestro hermano Isidoro Pérez Barrios, religioso agustino del Vicariato san Alonso de Orozco de Argentina y Uruguay, a quien el Papa conocía muy bien y con quien le unía una cierta amistad desde hacía tiempo. Dicho hermano, enfermo de cáncer, había fallecido dos meses antes. Enseguida comentó la gran amistad que unía a un sobrino suyo con el P. Isidoro y el afecto que había sentido él mismo hacia nuestro hermano.
Después de una breve pausa, en la que recordamos algunos de los momentos vividos con nuestro hermano Isidoro, continué la lectura del folio con otro de los puntos que había escrito: una resumida información del mapa de nuestras presencias y algunas estadísticas… pero el Santo Padre me corrigió y me dijo: “Padre, se salta el punto sobre los ‘obispos’ de la Orden… además, ha escrito usted ‘agradecimiento’…” ¡Perdón, Santidad! Rápidamente corregí mi salto y regresé al punto indicado. “Sí, Santidad, nuestro agradecimiento, como Orden, por su confianza en nuestros religiosos y elegirles para el ministerio episcopal”. Y, seguidamente, me cortó la palabra y me comentó algunos aspectos acerca de cómo había elegido a alguno de nuestros hermanos religiosos para el ministerio del episcopado. También me instruyó sobre algunos otros lugares en los que había encontrado ciertas dificultades a la hora de nombrar a sus obispos. Fue un momento enriquecedor eclesialmente. Escuché con mucha atención todo lo que me revelaba y que suponía una gran confianza al compartir sus inquietudes. En ese momento, más que nunca, entendí algo del gran peso que supone para el Papa la vida de los creyentes católicos cada día y en cada rincón del mundo. Igualmente me parecía más necesaria la oración de todos los creyentes, como elemento fundamental, por el Santo Padre. Hasta ahora ha nombrado 4 obispos agustinos.
Algunos de estos nombramientos ha supuesto un “cierto quebradero de cabeza” a la hora de encontrar un sustituto, incluso para mí, le revelé, y el Papa Francisco soltó una suave carcajada.
De ahí pasamos al punto de nuestras presencias, como Orden, número de religiosos, vocaciones y formación. Hablamos de los lugares conflictivos, como es el Nordeste de Nigeria, y las situaciones y dificultades en algunos países donde la represión social es grande. Expuse las dificultades vocacionales, como la mayoría de las Órdenes religiosas, en el viejo Continente y en algunos otros lugares. También nos detuvimos en los campos emergentes vocacionalmente. Fue muy interesante el punto de vista ofrecido sobre la formación, con los cuatro pilares ya resaltados en la reunión con la Unión de Superiores Mayores. Nos paramos a reflexionar sobre las dificultades y en la necesidad de una buena formación. “Ayudar a madurar antes de que el mundo rompa nuestros gérmenes vocacionales”. La palabra “colaboración”, tanto a nivel intercircunscripcional como intercongregacional. Hoy, me resaltó, debemos colaborar porque las fuerzas son menores y la formación supone un desgaste sicológico muy grande. Y la necesidad de “formar a los formadores”. Las urgencias nunca son buenas y en la formación suceden más a menudo de lo deseado.
No nos olvidamos del servicio que la Orden realiza en distintos campos en el Vaticano: Secretaría de Estado (P. Fernando del Río), Párroco de san Pedro (P. Mario Bettero), Parroquia de santa Ana (dentro del Vaticano) con la presencia de 4 hermanos (P. Schiavella, P. Bruno, P. Stefano –también trabaja en la Congregación para IVRSVA- y el P. Jafet), Sacristía Pontificia (PP. Paolo, Jesús, Nestor y Pablo). El Papa agradeció estos servicios y me habló, diciendo correctamente el nombre, de alguno de los hermanos. Me sorprendió cuando me citó los nombres de los hermanos sin equivocarse y valorando su misión. Agradeció sensiblemente nuestro servicio.
En el campo que más tiempo nos detuvimos fue en el del carisma y la misión de la Orden. La “unidad en la caridad” y el “sentido de eclesialidad”, servicio a la Iglesia, anunciando el Evangelio, la Buena Noticia del Reino de Dios, especialmente allí donde las carencias humanas, afectivas y la pobreza son mayores.
Dos dificultades grandes que dañan y agreden fuertemente el Carisma son el “individualismo” y el “hedonismo”. Fue un diálogo acerca de nuestra vida comunitaria y de los elementos y medios que tenemos para combatir estos dos males que se hacen presentes frecuentemente dentro de la Vida Religiosa. “¿Cómo están sus comunidades”? y ¿cómo viven ustedes la fraternidad?”… y continuó el Papa Francisco diciendo: “El individualismo es un gran mal que destruye la vida comunitaria”. Efectivamente. Nuestro carisma es maravilloso, ilusionante, atractivo y apasionante… Somos peregrinos, caminamos en ésta que no es nuestra tierra, favorecemos la búsqueda, anhelamos entrar en nosotros para descubrir quién habita en nuestro corazón… y la belleza de todo ello es mucho mayor porque queremos hacerlo en comunión, no a solas, no individualmente. Sin embargo, en no pocas ocasiones, el desaliento nos invade y es debido, justamente, a no favorecer ese aspecto de la comunión y de correr a solas… lo cual, no tiene sentido en nuestro estilo de vida.
Pero no sólo el individualismo sino también el “hedonismo” amenaza nuestra vida. La tentación de gozar de aquellas cosas superficiales y que nos atraen, a veces con pasión, del mundo. De aquellas que para nosotros han dejado de tener sentido. Los placeres y la superficialidad se instalan con excesiva facilidad en nuestro corazón. Van entrando sin darnos cuenta, sin advertir ni su peligro ni hasta dónde pueden llevarnos. Es algo que arraiga con suma facilidad en el corazón del ser humano. Me di cuenta de la coherencia del Santo Padre mientras hablaba. El valor y la importancia que da a este tema. El dolor que le causan y que nos causan los escándalos que se dan dentro de la Iglesia por causa del hedonismo. La austeridad que este hombre de Dios ha vivido siempre. Su compromiso. Me impactó mucho.
Al hablar de nuestra misión, me insistió en que no dejásemos de hacerlo desde nuestro carisma. “Eso es lo que os pide la Iglesia que nos enseñéis a trabajar en equipo, compartiendo, uniendo los corazones”.
Y salieron a la luz algunos rasgos de la misión que ya le hemos escuchado en sus homilías, ángelus, etc. “Debemos tratar de mantener un nivel de vida algo más modesto que el de la gente que nos rodea o, al menos, no un nivel mejor que ellos”. “Debemos hacer que nuestra vida sea un signo de protesta contra la mentalidad de la sociedad de consumo en la que vivimos, un interrogante que les ayude a pensar”. Mi mente recorría nuestras comunidades y circunscripciones muy rápidamente y un fuerte escalofrío me invadía en ocasiones, así como una cierta paz en otros instantes. Confieso que se me conmovió el corazón mientras escuchaba sus palabras y en algunos momentos mi mente regresó a los lugares donde había visto mayor necesidad. Y le recordé al Santo Padre la bonita frase de san Agustín al respecto: “si dieras de lo tuyo sería generosidad, como das de lo Suyo, es restitución” (In Ps. 95,15). Y spermaneció ensativo y en silencio por breves segundos. Al concluir este tema le animé para que continúe siendo tan claro en el anuncio del Evangelio. Con sencillez y muy serio escuchó mis palabras… Sin duda su corazón sufre con el sufrimiento de los hombres que están en las cunetas, rechazados, alejados, y sin disponer de lo más elemental para subsistir.
Después de esta seria reflexión, dedicamos los últimos minutos a comentar algunas cosas más domésticas. Me agradeció la acogida que habíamos dado a su sobrino en nuestra casa de Santa Mónica. El sobrino está muy agradecido, me dijo.
Me comentó que había pedido trasladar el cuadro de Nuestra Señora, la Madre del Buen Consejo, de nuevo a la Sala Paulina, de donde lo había pedido retirar san Juan Pablo II. Le dije que ya me habían informado y que le agradecía ese gesto.
Recordé que la Orden, los religiosos agustinos, estamos a su disposición. Que nuestras Constituciones subrayan la fidelidad que la Orden debe tener a los Sumos Pontífices. Y que la distinción y atención que la Santa Sede dispensó a la Orden al nacer, nos marcó, sobre todo, en nuestro apostolado porque la Orden se consideró destinada al servicio de la Iglesia universal.
Le transmití el abrazo de todos los hermanos, antes de despedirme, así como el saludo de las monjas agustinas de vida contemplativa, y de la oración que ellas todos los días elevan ante el Padre por él.
Después de agradecerle el tiempo que me había concedido y de pedirle su bendición, me despedí de él. Me regaló una bolsa llena de rosarios y yo le entregué un sobre para colaborar en sus obras de misericordia. Gesto que me agradeció.
Mientras regresaba a casa, en el breve espacio de tiempo, repasé las bonitas palabras y los gestos de este hombre coherente con su fe, testigo fiel, mensajero de la Buena Noticia de la llegada del Reino de Dios… esperanza para los pobres y consuelo para todos.
Desde aquí mi saludo agustiniano y mi agradecimiento al Santo Padre, Papa Francisco. Oremos por él y por su misión.»

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